Sábado 28 de Febrero de 2026

SanArte: Intimidad

Por medio de la palabra, las ideas congeladas en el inconsciente, al expresar desde una conexión, mente, corazón, alma y energía, brotan tomando forma. Podemos ir dando cuenta de las figuras, las formas, las texturas y los dolores emocionales que yacían anudados y encriptados en la profunda psiquis. 

 

He visto como las personas que llevan toda su vida sin expresar su Ser de ninguna manera, parece que estuvieran en una petrificación muy incómoda, a nivel de coraza física en su corporeidad, pero también en su energía vital. Son personas que no expresan con su gesto, con la fluidez de su lenguaje, ni con la mirada siquiera. La coraza se ha incrustado en su ser, como si fuera ya parte de su mismidad.

 

Pero obviamente no es experimentarse así, lo que orgánicamente lleva a una persona a vivir en espontaneidad y en contacto con su Ser auténtico. La expresión dejó de ser un alivio, un medio de conexión, un canal entre almas, un puente entre universos.

 

Es como un silencio, pero tenso. Se siente como si en cualquier momento fuera a estallar una explosión incontrolable, o como un grito ahogado en el fondo más profundo de una cueva.

 

La persona va quedando sepultada debajo de capas y capas de represión, de dolores no dichos, de estarse rompiendo y guardando en un recipiente minúsculo sus deseos, anhelos, pasiones, emociones, opiniones y deliciosos y únicos universos que solamente de su esencia provienen.

 

Y es que el problema es que, desde la infancia, el mundo adulto está lleno de silencios y la atención posiblemente está dispersa, en miedos de supervivencia, conflictos familiares, adicciones, enfermedades de toda índole, mentales, energéticas, espirituales, emocionales y físicas, o en cualquier otro sitio o espacio, pero menos en la grandeza, pureza, inventiva y creatividad de los pequeños(as). En ellos(as), está la semilla, el crisol luminoso que nos trae las nuevas buenas.

 

Si, en ese orden, las nuevas buenas. Porque la información de los que llegan a la tierra es de diferente frecuencia. Y entonces, esas personas que están descubriendo el mundo, pero que traen noticia y nuevas ideas para compartir, al no ser escuchados(as) vistos(as), comprendidos(as) y atendidos de verdad, pueden llegar a pensar. ¿Ya para qué? Mejor juego solo(a), no expreso mis sentimientos, mis emociones, mis ideas, mi sentir ni mi ser. Tal vez fue ridiculizado(a), incomprendido(a), descreído(a) y adiestrado(a).

 

Porque en muchas ocasiones, si se salió del molde, allí comenzó la lucha por encajar, por literalmente sobrevivir emocionalmente. ¿Y la intimidad? ¿Y la conexión? ¿Cómo podemos interrelacionarnos profunda y legítimamente con alguien más, si existe tanta implosión? Si hay un enmudecimiento, si permea una costumbre de no poder confiar en el otro, de tener la certeza de que es posible experimentar una escucha plena, una validación genuina y un apoyo. Si el espejo en el que la persona puede mirarse, está roto.

 

¿Cómo intimar con alguien más a nivel emocional, álmico, profundo, si nos relacionamos desde una o muchas, muchas máscaras? ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con alguien desde lo profundo de tu corazón y con total sinceridad? ¿Tienes algún apego seguro? ¿Cuentas con alguna persona con quien puedas ser realmente quién eres? ¿Existe algún lugar, en donde puedas decir lo que piensas y recibir una retroalimentación respetuosa? ¿Realmente te comunicas asertiva y profundamente con tus semejantes? ¿Tienes una profunda comunicación con tu Ser interno y con tu Espíritu? Las respuestas pueden ser fuego sagrado, que comience a derretir la cárcel de hielo que encierra a tu Alma amordazada. Intimar, estar cerca, a salvo, en conexión, en presencia con otro.

 

Qué maravilla vivir esta experiencia. En la intimidad se siente una fraternidad universal, el amor y la luz Divinos. En la intimidad real, se siente la ternura, la solidaridad y la danza de la palabra que sana, que bendice, que transforma, que convierte un campo de guerra en un bosque despierto y fragante. La intimidad es la comunicación fluida, la charla cósmica, la veracidad, la desnudez del alma.

 

Invitar al otro al hogar interno, es uno de los regalos más grandes en la tierra. Por eso hay que acariciar con un sumo respeto la vulnerabilidad de quien muestra su ser, su alegría, su dolor, porque nos está dando la bendita oportunidad de conocer lo más sagrado de la creación.

 

Por supuesto, en el mundo, habrá que proteger esa intimidad preciosa, pero no dejar de respirar la vida por vivir blindados, sin comunicación, ni expresión.

 

Yo, deseo para ti, que hoy, puedas mirar a los ojos a tu ser esencial y primero, te escuches, para después recordar, que, en ese espacio íntimo, en dónde mora el fuego sagrado de tu Alma, puede haber un espacio que alguien más pueda convidar con su presencia y, por ende, los regalos del cielo se asomen por las ventanas y la luz se encienda al conectar con otro que se mire en ti, de corazón a corazón.

 

Gracias por caminar juntos.

Tu terapeuta.

Claudia Guadalupe Martínez Jasso.

 

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