CATEGORÍA
SanArte: De prisa
11 de Abril 2026 | Claudia Guadalupe Martínez Jasso
¿Si estuvieras a pocos minutos de dejar tu cuerpo terrenal y miraras hacia atrás, te verías en calma, disfrutando de los tuyos, de la belleza natural y de ti mismo(a) o corriendo con tu mente habitando un futuro incierto y miedoso o huyendo de un pasado que no se integró? Vamos a morir.
Esa es la última puerta en esta vida. Y sí, lo que nos lleva hacia adelante es nuestro deseo, la pasión por concretar metas, que en el mejor de los casos benefician al resto de nuestra especie y los otros reinos y eso es hermoso, pero el deseo es eso, un motor, una dirección, un sendero, un sentido. La aventura de un héroe o una heroína, deja de serlo, si no hay momentos poéticos, de contemplación, de saborear la aventura de la vida.
Y no me refiero únicamente a estar embelesado(a) en un paisaje (lo cual es muy medicinal y precioso) sino que también a poder permitirnos sentir con todas las fuerzas de la naturaleza nuestras emociones, percibir nuestro cuerpo y si estamos con alguien poder decirle: Te veo, te siento, te toco, te comprendo, te entiendo, te percibo, aquí y ahora.
Estar, con todos los sentidos. Despacito. Poner atención en lo que hacemos, sin ser los ladrones de nuestro presente. ¿Te sabes relajar? Es decir, que tu cuerpo esté ligero, suelto, tu mandíbula abierta, tu lengua despegada del paladar, tu respiración profunda y que llene tu estómago y pulmones, tu mente enfocada sin obsesión, tus emociones conectadas a tu centro mental, a tu cuerpo y a tu entorno.
¿Alguna vez has conectado con tus alimentos? Por ejemplo, dando las gracias a la persona que sembró los vegetales, los cuidó, los regó, después a quién los cosechó y a esa verdura que viajó y estuvo en muchos lugares, sólo para llegar a tu mesa.
Esa legumbre se tardó a veces años en madurar. Tú o alguien más la cocinó con amor y entrega y a la hora de entrar en la boca, tu y yo estamos pensando en lo que haremos media hora después, atareados(as) por algo que está completamente fuera de nuestro control y que preocupándonos no resolvemos.
El milagro de esa zanahoria se redujo a un bocado de ingratitud y una masticación de “tengo que hacer un pago, planchar la camisa y reclamarle al vecino.” Y si, tal vez todo eso habrá que hacerse, pero nos robamos el tiempo a nosotros mismos, porque después, cuando estamos planchando la camisa pensamos, “tengo hambre, como me gustaría estar comiendo algo rico en este momento.”
Si esta vida fuera un viaje, vivir de prisa, vivir corriendo, sería algo así como ir en carretera, sin llegar a ningún destino. Ninguna playa fragante, bosque lleno de magia, ciudades vibrantes, ni aventuras emocionantes. Sólo eso, la prisa de llegar ¿A dónde? A ningún lado, al eterno sueño. Porque la vida es un libro.
¿De qué están escritas tus páginas? ¿Cómo es para ti ser Él o La protagonista? Hasta el héroe o heroína más aguerrido(a) tiene sus momentos de reflexión y presencia plena, incluso luchando. ¿Qué perseguimos y para qué? Detrás de la prisa, a veces hay carencias y vacíos emocionales y energéticos. Quiero lograr más, tener más, abarcar más, para ser visto(a) y valorado(a).
Por supuesto que no está mal ir por más, pero por las razones saludables. Voy por más, porque lo que estoy haciendo me eleva, me llena de energía luminosa, me apasiona y me conecta, pero sin miedo, sin sed, sin nerviosismo, despacito. Incluso puede ser rápido, movimientos mentales y físicos rápidos, pero sin prisa.
Porque la prisa constante es un síntoma de que algo tendría que ser escuchado. La prisa puntual, podría ser incluso emocionante, como cuando un(a) actor o actriz o bailarín(a) debe de cambiarse muy deprisa de vestuario para su siguiente escena y después entra al escenario completamente conectado(a) consigo mismo(a), con su personaje, con la obra, con el público, con el universo, con la energía cósmica y entonces, actúa.
Actúa desde allí, desde el eterno presente. Si él o la artista van de prisa, se sale de tono la puesta en escena y eso lo siente el público, se experimenta una desarmonía.
Bueno, pues así nosotros en nuestra vida que es un teatro finalmente. ¿Y si ya llegaste a dónde tanto anhelabas? ¿Podrías esperar un poquito, detenerte a disfrutar, a contemplar, a agradecer y a gozar lo manifestado? ¿Podríamos esperar un momento y seguir avanzando a otro paso, más conciente, más presente, más gozoso, más de paseo?
Ojalá que la vida, tu vida, nuestra vida, se llene de paseos. Que se llene de esos momentos de conexión y risas o llantos o abrazos, de creación colectiva, de sentir, pensar y estar en coherencia.
Ojalá y que así sea, que las prisas no nos roben la dulzura, la ternura, la conexión y el amor para el que hemos sido creados desde siempre. Gracias, por detenerte un momento de tu vida para conectar juntos en esta reflexión. Gracias por dejar la prisa allá afuera, tomarte un té despacito y agradecer lo valioso(a) e importante que tú eres para todos nosotros y para la luz Divina.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.