Jueves 16 de Abril de 2026

El espejismo del fracking

Asombran el golpe de timón y el superficial análisis con los que la Presidenta Claudia Sheinbaum y su equipo colocan el tema del fracking en el debate público. Plantean la idea de que México, con algunos años de inversión y esfuerzo, se acercará a la autosuficiencia en gas natural y sustituirá importaciones, si se aplica aquí este tipo de tecnología que convirtió a Estados Unidos en la máxima potencia mundial en gas.

México es muy afortunado al poder importar masivamente el gas más barato del mundo. Pero es ilusorio pensar que en nuestro país se tiene o se puede obtener fácilmente los conocimientos, capacidades, potencialidades y tecnologías para imitar el modelo norteamericano. En términos económicos, normativos y operativos, sería muy complejo hacerlo y no se logrará en la forma en que el gobierno está planteando el tema.

Recordemos un antecedente nefasto: el proyecto Aceite Terciario del Golfo o "Chicontepec". En tiempos de Felipe Calderón, Pemex tiró a la basura cerca de 180 mil millones de pesos en la perforación de casi 3 mil pozos. Usando tecnologías (fractura hidráulica con perforación direccional) similares al fracking, el proyecto falló por la inexperiencia de sus técnicos y por la opacidad y corrupción. Se gestó una de las peores debacles en la historia de Pemex, logrando sólo incrementos marginales de la producción de petróleo y gas.

Hoy, Pemex sigue sin tener dominio de las tecnologías, ni capacidad de ejecución ni infraestructura ni conocimiento adecuado del subsuelo. En Texas, casi todo el subsuelo del estado está mapeado a detalle y está a disposición de las petroleras. En cambio, en las cuencas de Burgos, Salinas y Tampico-Misantla, donde se haría fracking en México, es casi inexistente este tipo de información geológica. Así, cualquier compañía, nacional o extranjera, tendría que invertir en estudios del subsuelo, lo cual elevaría sus costos y el precio del gas producido. Es previsible que ni privados ni Pemex querrían hacerlo al no poder competir en precio con el gas importado.

Además, si bien ya se cuenta desde hace tiempo con una regulación para el fracking en México, emitida por la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), ésa tendría que actualizarse. Por ejemplo, la regulación exige, por razones ambientales, que se deben perforar muchos pozos de monitoreo para detectar contaminación de agua o del subsuelo. Según como se aplicara, esto potencialmente podría elevar muchísimo los costos de operación, haciéndola inviable al precio actual del gas.

Pemex no podría hacer fracking solo y no sería un buen socio. Lo idóneo sería simplemente invitar a las compañías productoras estadounidenses a cruzar la frontera y operar en México con las mismas reglas que en Texas, si acaso eso les interesa. Para ese fin, habría que contemplar contratos privados o concesiones. No funcionarían los "esquemas mixtos" con Pemex como socio, donde el privado pone el dinero, asume los riesgos y tiene casi nula seguridad jurídica. De hecho, hay escaso interés por los contratos mixtos que el gobierno ya ofrece a las petroleras, por lo que urge modificar esa política oficial.

Tampoco tendría sentido crear esquemas financieros irreales donde "primero se pague el impuesto para el bienestar" y "el mayor porcentaje de la explotación vaya para Pemex". Bajo tales condiciones, el fracking nunca llegará a México y mucho menos detendrá el deterioro constante en producción y capacidades de Pemex que se ha observado durante los últimos 20 años.

El futuro de Pemex lógicamente seguirá dependiendo de sus campos convencionales en el sur, si bien la mayoría de estos campos --incluyendo los mejores-- ya están agotados o muy deteriorados. Así, quizás la única manera de sacar adelante a Pemex y evitar su eventual liquidación por inviabilidad sería buscar alianzas con grandes operadoras globales para proyectos que pudieran financiarse en Bolsa, lo cual en nada afectaría la rectoría del Estado Mexicano. Las colocaciones en Bolsa han funcionado bien para empresas estatales de varios países, entre ellos Brasil y Arabia Saudita.

Pero parece que el actual gobierno y Pemex no quieren promover esquemas de financiamiento novedosos y atractivos para particulares, sino que insisten en manejar un enfoque ideológico bastante inútil.

 

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