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"Se me ha partido un diente": por qué ha pasado, qué hacer y cuál es el tratamiento
04 de Mayo 2026 | El Confidencial
La fisura, o peor aún, la rotura de un diente, es una de las lesiones que más alarma despiertan entre la gente. Y es que, nadie puede negar, que la falta de una pieza dental o parte de ella, es, entre otras cosas, un importante problema de carácter estético. Sin embargo, sin restarle importancia a la preocupación por nuestra imagen, lo cierto es que también estamos hablando de un problema de salud, ya que una fractura dental es una “puerta de entrada” a las bacterias, y, en consecuencia, el origen de una posible infección.
De modo que, si un día nos partimos un diente por culpa de un golpe, o nos miramos al espejo y apreciamos una fisura en una muela, lo más aconsejable es no perder el tiempo, mantener la calma y actuar.
Cuando la fractura dental se produce por un golpe no hay duda de por qué se ha producido. Sin embargo, no es la única causa. “Un diente puede fracturarse por exceso de carga, cuando recibe un impacto fuerte o cuando su estructura se encuentra debilitada”, apunta Antonio Longo, odontólogo y miembro del equipo de innovación y calidad clínica de Sanitas Dental.
Ahora bien, “los golpes durante una caída o en la práctica deportiva explican muchas de estas roturas, pero también pueden producirse debido a la influencia de hábitos cotidianos como morder alimentos muy duros, hielo o incluso objetos que no están pensados para la masticación”, matiza.
En otros casos, “el problema aparece porque el diente ya estaba dañado, debido a caries profundas o empastes. A ello se suma el bruxismo, que genera presión continua sobre los dientes y que, con el tiempo, puede provocar pequeñas grietas que terminan convirtiéndose en una fractura”, detalla Longo
Las hay más y menos graves
Además, es importante distinguir entre los diferentes tipos de fracturas, ya que, en función de su importancia, tanto las consecuencias como el tratamiento, son distintos. En este sentido, el experto distingue entre pequeñas fracturas, roturas, y las lesiones más graves, la fisuras y fracturas radiculares, las cuales, muchas veces, suponen la pérdida del diente: “En ocasiones, se trata de pequeñas grietas que afectan solo al esmalte y que apenas producen molestias, aunque pueden causar sensibilidad al frío o al masticar. Cuando la rotura es mayor puede desprenderse una parte de la corona del diente, lo que ya implica pérdida de estructura dental. Además, si la fractura alcanza la dentina o incluso la pulpa, donde se encuentran los nervios, el dolor suele ser más intenso”.
De la fisura a la fractura
En función del tipo de fractura, el odontólogo actuará de un modo u otro. Ahora bien, el primer paso lo tiene que dar la persona que tiene la lesión. En el caso de una fisura, “lo más importante es acudir al odontólogo para que evalúe su profundidad”, aconseja el experto, ya que, “a pesar de que, en ocasiones, parece una grieta superficial, la presión de la masticación puede hacer que esa fisura avance con el tiempo”.
“Hasta acudir a la consulta -añade- conviene evitar masticar alimentos duros con ese diente y reducir la exposición a temperaturas muy frías o muy calientes, que aumentan la sensibilidad”.
¿Y si cae un trozo de diente?
Si en lugar de una fisura, estamos hablando de la fractura del diente, la situación se complica un poco más. “Si se desprende un fragmento del diente, lo recomendable es conservarlo. En algunos casos, se utiliza ese mismo fragmento para reconstruir la pieza, lo que facilita recuperar la forma original. Por eso, conviene recogerlo con cuidado y evitar manipular la parte interna”, señala Longo.
La forma de conservarlo también importa. “Lo ideal es enjuagarlo suavemente con agua o suero y guardarlo en un recipiente con leche, suero fisiológico o incluso saliva del propio paciente. Después -continúa el experto- hay que acudir al dentista lo antes posible. En este punto, cuanto menor sea el tiempo que pasa desde la fractura, mayores serán las posibilidades de que la reparación sea eficaz”.
Los riesgos de no actuar a tiempo
Es más, las consecuencias de no acudir al dentista, o de hacerlo demasiado tarde, no solo perjudicarán la reparación, también aumentará el riesgo de infección, ya que, un diente fracturado puede convertirse en una puerta de entrada para las bacterias. “Si la grieta permite que los microorganismos alcancen el interior del diente, se incrementa el riesgo de infección y de inflamación del nervio dental, provocando así dolor intenso”, advierte el especialista.
Además, “la presión de la masticación generalmente agranda la fractura con el paso del tiempo. Esto facilita que se pierda más estructura dental e incluso que el diente llegue a fracturarse por completo. Por ese motivo, -aconseja Longo- ante cualquier rotura o fisura es recomendable acudir a consulta para valorar qué tratamiento se debe seguir”.
La idea es salvar el diente
Una vez sentados frente al dentista, este determinará qué tratamiento será más eficaz. Cuando el daño es pequeño, “se puede reconstruir el diente con resina compuesta, un material que permite recuperar la forma y proteger la zona afectada. Este tipo de reparación suele ser rápida y conserva la mayor parte del tejido dental”, señala el experto.
En cambio, “si la fractura es mayor suele ser necesario reforzar el diente con una corona o una carilla. En este sentido, -prosigue- si el daño alcanza la pulpa, el tratamiento suele incluir una endodoncia para eliminar el tejido afectado antes de reconstruir la pieza”.
Por último, “en el caso de que se haya producido una fractura vertical, lamentablemente, si la raíz se parte en dos de forma vertical, el tratamiento suele ser la extracción y colocación de un implante”, apunta.
Cuidados para una reparación exitosa
Sea cual sea el tipo de tratamiento que haya necesitado el paciente, después de la reparación, conviene proteger el diente. “Durante los primeros días es esencial evitar alimentos muy duros y masticar con cuidado en esa zona para ayudar a que la restauración se estabilice correctamente”, recalca el dentista quien además recuerda la importancia de las revisiones posteriores para comprobar que todo evoluciona con normalidad.
Además, “la higiene oral sigue siendo clave en esta fase”, subraya Longo quien aconseja cepillarse los dientes al menos dos veces al día, usar hilo dental y colutorio son hábitos primordiales para mantener la restauración en buen estado.
Por último, “en personas que aprietan los dientes por la noche es recomendable utilizar una férula de descarga para impedir nuevas sobrecargas”, apostilla.
Para que no vuelva a ocurrir
Además de los cuidados inmediatos y los aplicados a corto y medio plazo, es recomendable tomar ciertas medidas para prevenir futuras lesiones, las cuales pasan por “proteger los dientes frente a golpes y sobrecargas. En personas que practican deportes de contacto, el uso de protectores bucales minimiza de forma significativa el riesgo de traumatismos dentales, en ese caso es recomendable usar uno hecho a medida para maximizar esa protección”, puntualiza el experto. Y añade: “También conviene evitar hábitos como morder hielo, abrir envases con los dientes o utilizar la dentadura para cortar objetos, así como acudir a revisiones periódicas”.