Jueves 25 de Junio de 2026

Vivir más no es solo medirlo todo

En una época en la que la longevidad parece medirse con aplicaciones, pulseras inteligentes, análisis de sangre y rutinas extremas de bienestar, una investigadora de Stanford plantea una idea más humana: vivir más y mejor también depende de la alegría, los vínculos y el sentido de propósito.

Especialista en epigenética, disciplina que estudia cómo la alimentación y el estilo de vida pueden influir en la actividad de los genes, la investigadora reconoce la importancia de conocer indicadores de salud como el colesterol o la presión arterial. Sin embargo, advierte que una parte de la cultura del bienestar se ha enfocado demasiado en optimizar números, sin considerar el contexto emocional y social de cada persona.

Para ella, la verdadera longevidad es biológica, psicológica y social. Y el mejor ejemplo lo encuentra en su madre, Livia, una mujer de 85 años que vive en un pequeño pueblo costero del sur de Italia. No usa reloj inteligente, nunca ha tomado baños de agua helada y no sabe qué significa “biohacking”, pero se mantiene saludable, activa y feliz.

A partir de su estilo de vida, la investigadora resume cinco claves sencillas para envejecer con bienestar.

La primera es comer alimentos que den placer y hacerlo sin prisa. En la mesa de Livia, la cena es un momento sagrado: aceite de oliva, verduras de hoja verde, ajo, pescado varias veces por semana y un pequeño cuadro de chocolate amargo con café forman parte de su rutina. Más que una dieta rígida, se trata de una forma de alimentarse cercana al patrón mediterráneo, asociado con nutrientes que favorecen la salud.

La segunda clave es moverse de manera natural. Aunque recientemente comenzó a trabajar con un entrenador para fortalecer sus músculos, durante décadas su actividad física ha estado integrada a la vida diaria: caminar al mercado, visitar vecinos o subir escaleras. La ciencia ha demostrado que el ejercicio puede modificar la expresión de cientos de genes relacionados con la reparación celular y la salud metabólica.

El tercer punto es cultivar relaciones cercanas. La soledad y el aislamiento social se han vinculado con procesos inflamatorios que pueden afectar la salud cardiovascular, cognitiva y acelerar el envejecimiento. En cambio, los vínculos sólidos funcionan como una red de protección. En el caso de Livia, las caminatas con su vecina, las llamadas constantes con su hermana y las tardes en la cocina enseñando recetas familiares a sus nietos son parte esencial de su bienestar.

La cuarta regla es tener una razón para levantarse y arreglarse cada mañana. Aunque Livia se jubiló a los 58 años tras más de tres décadas de trabajo, nunca dejó de sentirse útil. Su papel cambió: se convirtió en guardiana de recetas, historias y tradiciones familiares. Diversos estudios han relacionado el sentido de propósito con un envejecimiento más saludable e incluso con una edad epigenética menor.

La quinta clave es permitir que el placer forme parte de la salud. Para la investigadora, su madre conserva una “chispa” especial: disfruta el espresso, se arregla para ir al supermercado como si fuera a una celebración y ríe con sus vecinos. Esa capacidad de encontrar alegría en lo cotidiano, explica, también puede fortalecer la resiliencia y favorecer un envejecimiento sano.

Cada mañana, Livia envía a su familia una fotografía del amanecer sobre el mar desde su balcón. Es su manera de decir “buongiorno” y recordar que vivir bien no siempre está en los grandes cambios, sino en los pequeños rituales que dan sentido, placer y compañía a cada día.

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