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Viva y Volaris: la competencia
26 de Junio 2026 | Agencia Reforma
La posible integración entre Viva y Volaris no es una operación corporativa más. Es la mayor concentración que haya visto la aviación mexicana en décadas. El tema de fondo no es si la operación generaría sinergias o fortalecería a las empresas. La pregunta es: ¿seguirá existiendo suficiente competencia para disciplinar precios y oferta?
Se argumenta que la transacción generará economías de escala, pero buena parte de esos beneficios podría estar internalizada. Ambas operan flotas homogéneas de Airbus y los contratos de renta suelen pactarse a largo plazo, por lo que las eficiencias podrían ser menores a las anunciadas.
La promesa es que actuarían de manera independiente pese a responder a la misma estructura de control. ¿Alguien cree seriamente que dos aerolíneas con el mismo dueño pueden operar sin coordinar rutas y estrategias comerciales?
Cuando dos competidores responden a un mismo interés económico, la rivalidad disminuye. En una industria donde las decisiones buscan optimizar ingresos y ocupación, asumir independencia resulta difícil de conciliar con la lógica económica. Dos marcas no necesariamente significan dos competidores y, en aviación, ello rara vez se traduce en boletos más baratos. Lo común es que desaparezca parte de la presión para competir por precio.
En EUA, la compra de Spirit por JetBlue fue bloqueada porque eliminaba presión competitiva en el segmento de bajo costo. La lógica fue simple: menos rivalidad implica menos opciones y precios más altos. La diferencia de escala importa. JetBlue y Spirit representaban menos del 10% del mercado doméstico. Viva y Volaris concentran más del 70%.
El punto central es simple: no basta prometer eficiencias; también debe acreditarse que la competencia seguirá disciplinando el sector. El problema no es teórico. Los datos muestran que Viva y Volaris son los principales rivales en buena parte del país.
A mayo de 2026, Viva y Volaris operaban servicios directos coincidentes en 76 rutas. En el 60% de esas rutas eran los únicos operadores sin escalas y 87% estaban fuera de la CDMX. Esto sugiere que, en gran parte del país, la competencia directa depende de la rivalidad entre ambas compañías.
Datos de Cirium, firma global líder en análisis de aviación, muestran que, al cierre de 2025, Viva y Volaris mantienen participaciones espejo en rutas de alto tráfico fuera del AICM.
En GDL-TIJ y GDL-MTY, Viva y Volaris mantienen participaciones prácticamente idénticas: 57% contra 42%. Estas cifras reflejan mercados donde ambas aerolíneas ejercen la principal presión competitiva. La concentración es más evidente en los hubs. En TIJ y GDL, la participación conjunta alcanzaría cerca de 90% y 85% de la capacidad disponible, respectivamente, mientras que en MTY superaría 80%. No son casos aislados, sino un patrón observado en varios mercados.
En mayo de 2026, Cirium reportó ajustes paralelos de capacidad: Viva redujo 28% en TIJ y GDL, mientras Volaris redujo 13% en MTY respecto al año previo. Aunque estos movimientos pueden obedecer a razones comerciales legítimas, su coincidencia amerita examinar la competencia entre ambas compañías. No se insinúa coordinación, pero sí debe analizarse si esos ajustes son compatibles con un escenario de competencia entre empresas que buscan integrarse.
Aeroméxico sigue siendo un actor importante desde el AICM. Sin embargo, su modelo no está enfocado en el segmento ultra low cost y muchos de sus pasajeros son menos sensibles al precio.
Pretender que su presencia compensara esa pérdida de rivalidad es confundir competencia nominal con disciplina tarifaria. El efecto más probable sería gradual: menor rivalidad comercial, menor agresividad tarifaria y una industria más concentrada.
La autoridad deberá decidir si las sinergias prometidas compensan el riesgo de perder uno de los pocos duelos competitivos de la aviación mexicana. El pasajero podría seguir viendo ambas marcas. Lo que quizá desaparecería es la competencia entre ellas.