Viernes 10 de Julio de 2026

Bélgica entra a la cancha: sabores y destinos que también conquistan

Este viernes, Bélgica buscará avanzar a las semifinales del torneo internacional de futbol cuando enfrente a España. Sin embargo, mientras llega la hora del partido, vale la pena conocer otro rostro de esta nación: el de sus ciudades medievales, sus canales, sus castillos y una cocina reconocida mucho más allá de sus fronteras.

Papas fritas, un orgullo nacional

Aunque en distintos países son conocidas como french fries, las papas fritas ocupan un lugar especial dentro de la identidad gastronómica belga. En sus calles es común encontrarlas en pequeños establecimientos llamados fritkots, servidas dentro de un cono de papel y acompañadas con mayonesa u otras salsas. Su preparación busca que queden doradas y crujientes por fuera, pero suaves por dentro.

Otro de los platos más populares son los moules-frites, una combinación de mejillones preparados con vino blanco, hierbas o diferentes salsas y acompañados por una generosa porción de papas fritas. También destaca la carbonnade flamande, un estofado de carne cocinado con cerveza y servido con papas, así como el waterzooi, una preparación cremosa originaria de Gante que puede elaborarse con pescado o pollo y vegetales.

Waffles, chocolate y cerveza

Hablar de Bélgica también es pensar en waffles recién hechos. Entre los más conocidos se encuentran los de Bruselas y Lieja, que pueden servirse solos, con azúcar, chocolate, fruta o crema. A ellos se suman las galletas de especias conocidas como speculoos, otro clásico para acompañar el café.

El chocolate es otra de las grandes cartas de presentación del país. Bombones, trufas, pralinas y tabletas llenan los escaparates de sus ciudades, donde la tradición artesanal continúa renovándose con nuevas combinaciones. La cerveza también forma parte de la vida cotidiana belga, con una amplia variedad de estilos y pequeñas cervecerías distribuidas por sus regiones.

Bruselas, entre edificios históricos y arquitectura futurista

La capital belga tiene como uno de sus principales atractivos la Grand Place, rodeada por edificios históricos y considerada uno de los espacios arquitectónicos más representativos de la ciudad. Cerca se encuentran las Galerías Reales y la pequeña estatua del Manneken Pis, uno de los símbolos más curiosos de Bruselas.

Otro sitio imprescindible es el Atomium, una estructura formada por nueve esferas que fue construida para la Exposición Universal de 1958. Además de sus exposiciones interiores, ofrece vistas panorámicas de la capital.

Brujas y Gante, ciudades que parecen detenidas en el tiempo

Brujas es reconocida por sus canales, sus calles empedradas, sus plazas históricas y construcciones medievales. Entre sus lugares más visitados se encuentran el Beguinaje, la plaza Burg y los canales que atraviesan el centro de la ciudad.

Gante combina el ambiente de una ciudad universitaria con un importante patrimonio histórico. El Castillo de los Condes, construido en el siglo XII, es uno de sus atractivos más representativos, mientras que sus ríos y canales permiten recorrer algunos de los paisajes más pintorescos de la ciudad.

Naturaleza y paisajes de postal

Fuera de las grandes ciudades, Bélgica también ofrece destinos como Dinant, ubicada a orillas del río Mosa y reconocida por su iglesia de cúpula característica y la ciudadela que domina el paisaje desde lo alto de una formación rocosa. La región de las Ardenas completa la experiencia con bosques, pequeños pueblos y rutas para caminar o disfrutar de actividades al aire libre.

Así, mientras la selección belga busca seguir avanzando en la cancha, su país demuestra que también tiene mucho que ofrecer fuera del futbol: desde un cono de papas fritas o un waffle cubierto de chocolate hasta plazas monumentales, canales medievales y castillos que parecen sacados de un cuento.

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