Domingo 12 de Julio de 2026

HOMILÍA: Cada quien, lo escucha a su manera

Cuando Dios da su mensaje, no todos lo reciben del mismo modo.

 

El hombre es tan distinto, que cada uno tiene su manera muy peculiar de percibir el mundo.

 

Una persona, tiene su historia, y una experiencia particular de vida.

 

Por eso, cada uno ve la vida de diferente manera.

 

Está el mensaje que se trasmite, y otro el mensaje que se recibe.

 

Decía Santo Tomás de Aquino: “Lo que se recibe, se recibe al modo del recipiente”. Es decir, cada persona va a moldear el mensaje, de acuerdo a su vivencia.

 

Todo eso, dificulta la comunicación, y la comprensión entre  personas.

 

Porque, una vez recibido el mensaje, este se deforma, y queda moldeado a la manera del que lo recibe.

 

Por eso, no basta con  trasmitir un buen mensaje, es importante, que aquel que lo escucha, se disponga a entenderlo.

 

Dice el Señor: que así, como hay distintos tipos de tierra, siendo una misma la semilla, la calidad del fruto será diversa.

 

Eso, también sucede  con el hombre, cada uno entiende y responde de distinta manera.

 

Una vez que el Señor explica la parábola del sembrador, nos advierte: “ El que tenga oídos, que oiga”. (Mt.13).

 

Todos tenemos oídos, pero, falta la comprensión, para captar lo que nos están transmitiendo.

 

No hay que olvidar, que venimos al mundo para escuchar a Dios, y dar fruto.

 

Dijo el profeta Isaías: “…así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mi sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión” (Is.55).

 

No todos tenemos las mismas capacidades, por eso, no podemos responder de la misma forma.

 

Sin embargo, cada cual, tiene uno o varios “dones”; y, al abrirnos a la escucha, sabremos cómo dar frutos que permanezcan.

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.

 

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-23

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: “Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga. [“Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

 

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

 

Pero dichosos, ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Escuchen, pues, ustedes, lo que significa la parábola del sembrador.

 

A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

 

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

 

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”]. Palabra del Señor.

 

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