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Camarón sin sorpresas: así debes elegirlo, conservarlo y pagarlo
21 de Julio 2026 | Plano Informativo
Ya sea en aguachile, ceviche, caldo, tacos o coctel, el camarón ocupa un lugar privilegiado en la gastronomía mexicana. Sin embargo, elegirlo únicamente por su tamaño o por el precio puede terminar en una mala compra y hasta representar un riesgo para la salud.
En su edición de julio de 2026, la Revista del Consumidor presentó una guía para identificar camarones frescos, conservarlos correctamente y conocer cuánto cuesta cada variedad en distintos establecimientos del país.
El olor es la primera señal de frescura
Un camarón fresco debe tener un aroma ligero y agradable a mar. Cuando desprende un olor intenso, químico o parecido al amoniaco, lo recomendable es descartarlo, pues podría indicar la presencia de bacterias o un manejo inadecuado.
La textura también ofrece pistas importantes. La carne debe sentirse firme, sin estar pegajosa ni desmoronarse al tocarla. El caparazón, por su parte, tiene que conservarse brillante, firme y libre de manchas.
Cuando se compran crudos, su color natural suele ser grisáceo o traslúcido. Deben evitarse aquellos que presenten tonalidades opacas, manchas irregulares o una apariencia reseca. El característico color rosado aparece después de la cocción.
La cadena de frío no debe romperse
Profeco recomienda dejar la compra de pescados y mariscos para el final del recorrido por el mercado o supermercado. De esta manera, el camarón permanecerá menos tiempo expuesto a temperaturas que favorecen su deterioro.
Al llegar a casa debe refrigerarse inmediatamente. Cuando no se vaya a cocinar durante las siguientes 24 horas, lo más seguro es congelarlo.
También debe mantenerse separado de carnes, vegetales y otros productos para prevenir la contaminación cruzada y evitar que sus olores se transfieran. La guía aconseja utilizar recipientes adecuados que impidan la acumulación excesiva de humedad.
¿Cuánto cuesta un kilo de camarón?
El precio cambia considerablemente según el tamaño, la presentación y si se vende fresco, congelado, con cabeza o limpio.
De acuerdo con la información recabada por el programa Quién es Quién en los Precios, del 25 al 29 de mayo de 2026, el camarón coctelero chico congelado o descongelado tuvo un precio promedio de 164.22 pesos por kilogramo, mientras que la pulpa para coctel promedió 176.38 pesos.
El camarón mediano con cabeza registró un promedio de 202.82 pesos, mientras que el grande sin cabeza alcanzó los 293.94 pesos por kilo.
Entre las presentaciones más costosas aparecieron la pacotilla selecta, con un promedio de 409 pesos, y el camarón U/15, cuyo precio promedio llegó a 549.48 pesos por kilogramo, aunque en algunos establecimientos se encontró hasta en 704 pesos.
Profeco aclara que estas cantidades son únicamente referencias y pueden modificarse dependiendo de la ciudad, la temporada y el punto de venta.
México, potencia productora de camarón
Durante 2024, México produjo 258 mil 577 toneladas de camarón en 16 estados. Sinaloa encabezó la producción nacional con 46.6 por ciento, seguido por Sonora con 40.2 por ciento.
El litoral del Pacífico concentró 94.9 por ciento de la producción del país. Además, la mayor parte del camarón mexicano provino de la acuacultura, actividad que permite mantener disponibilidad durante todo el año, aunque el volumen aumenta entre julio y diciembre.
México aporta alrededor de 2.6 por ciento de la producción mundial y ocupa el séptimo lugar entre 90 países productores. La recomendación para los consumidores es buscar productos de origen nacional y adquirirlos en establecimientos que puedan acreditar su procedencia legal.
Nutritivo, pero no apto para todos
El camarón aporta proteínas, omega-3, vitaminas B3 y B12, y minerales como fósforo, zinc, hierro, calcio, magnesio y yodo. Su versatilidad permite prepararlo asado, cocido, al vapor o acompañado de vegetales y cítricos.
No obstante, puede provocar reacciones alérgicas. La aparición de urticaria, congestión nasal o hinchazón en labios, rostro, lengua o garganta requiere atención médica inmediata.
Más allá de elegir la receta, una buena preparación comienza desde la compra: revisar el aroma, la textura, el color, el origen y el precio puede marcar la diferencia entre un gran platillo y una experiencia que arruine la comida.