El repunte de los precios de energía debido al conflicto en Medio Oriente ha despertado inquietudes sobre si los bancos centrales del mundo ajustaron de manera adecuada sus políticas monetarias para evitar presiones inflacionarias, considera un análisis del Banco de Pagos Internacionales (BIS).
La guerra y el cierre del Estrecho de Ormuz provocaron una caída de la oferta global de petróleo sin precedentes de 15 por ciento, lo que elevó los precios del crudo hasta en 120 por ciento, nivel que no se veía desde la invasión de Rusia a Ucrania, añade el documento "Shocks energéticos y desafíos inflacionarios para la política monetaria", publicado el miércoles.
"Los bancos centrales se enfrentan a desafíos para equilibrar los beneficios de 'pasar por alto' las alzas temporales de los precios de la energía con los riesgos de efectos de secundarios que podrían arraigar una inflación más alta", expone el Banco.
Además del suministro de crudo, el conflicto en Irán ha afectado a los principales productores de gas, aumentando los precios del energético.
"Los daños en la infraestructura y los desafíos para asegurar fuentes de suministro alternativas pueden haber sentado las bases para una renovada volatilidad y posibles repuntes de precios en el futuro", agrega el BIS.
Aunado a ello, la incertidumbre sobre las interrupciones en el suministro por el cierre del Estrecho de Ormuz complica las evaluaciones de las perspectivas de los precios de los productos básicos y las implicaciones macroeconómicas más amplias del conflicto.