Jueves 15 de Octubre de 2026

El peso durante la adolescencia podría influir en cómo envejece el cuerpo décadas después

Hay una edad en la que el cuerpo cambia a una velocidad vertiginosa. Crecemos, ganamos masa muscular, cambian las hormonas y el organismo termina de construir buena parte de la arquitectura que nos acompañará durante décadas. Es la adolescencia. Pues ahora, un nuevo estudio publicado en la revista International Journal of Obesity sugiere que lo que ocurre entonces podría dejar una huella biológica mucho más duradera de lo que imaginábamos.

 

Los expertos han encontrado una asociación entre tener un índice de masa corporal (IMC) más elevado durante la adolescencia y un envejecimiento biológico más rápido décadas después. El trabajo utiliza datos recopilados durante más de 40 años y añade una pieza interesante que relaciona peso, genética y envejecimiento.

 

Cumplir años es inevitable. Envejecer, sin embargo, no ocurre exactamente al mismo ritmo en todas las personas. La edad biológica, a diferencia de la cronológica, intenta reflejar el estado del organismo y la velocidad a la que se producen determinados procesos asociados al envejecimiento. Para estudiarla, los investigadores recurrieron a dos relojes epigenéticos, herramientas que utilizan patrones de metilación del ADN para estimar diferentes aspectos del envejecimiento biológico. Uno de ellos fue DunedinPACE, diseñado para estimar el ritmo al que envejece el organismo. El otro, PC-GrimAge, proporciona otra medida relacionada con la edad biológica. Según los datos, los resultados fueron más consistentes con DunedinPACE que con PC-GrimAge.

 

Apoyaron sus datos con los del Young Finns Study, un estudio que comenzó en 1980 e incluyó inicialmente a 3.596 niños y adolescentes de entre 3 y 18 años. Algunos participantes fueron seguidos hasta 2018-2020, cuando tenían aproximadamente entre 41 y 56 años.

 

Para el análisis sobre envejecimiento biológico se dispuso de información de 2.045 participantes, mientras que las trayectorias del IMC durante la adolescencia pudieron analizarse en unos 2.003 individuos. El equipo estudió el IMC alrededor de los 9, 12, 15 y 18 años y posteriormente lo relacionó con las mediciones de envejecimiento biológico. El resultado más interesante fue que el nivel de IMC durante la adolescencia parecía importar más que la velocidad a la que aumentaba el IMC durante esos años; es decir, no apareció una relación clara entre simplemente ganar peso más deprisa y envejecer más rápidamente. El patrón más consistente estaba relacionado con presentar un IMC más elevado durante esa etapa.

 

Los expertos también estudiaron la predisposición genética a tener un IMC elevado mediante puntuaciones poligénicas, que combinan los efectos de cientos de variantes genéticas asociadas con el índice de masa corporal. Los datos arrojaron que las personas con una mayor predisposición genética tendían a presentar un IMC más alto durante la adolescencia y también mostraban asociaciones con un envejecimiento biológico más acelerado. Parte de esa relación parecía estar mediada por el IMC adolescente.

 

Los análisis apoyaron un posible efecto causal del IMC adolescente genéticamente predicho sobre un ritmo de envejecimiento biológico más rápido, especialmente cuando se utilizó DunedinPACE. El análisis principal estimó que un incremento de una unidad de IMC/m² genéticamente predicho en la adolescencia se asociaba causalmente con aproximadamente 0,02 años adicionales de envejecimiento por año de calendario según esa medida. Sin embargo, el resultado no fue idéntico con todas las herramientas genéticas ni con todos los relojes epigenéticos. Por eso los autores piden interpretar estos resultados con cautela.

 

Eso sí; cuando los investigadores tuvieron en cuenta el IMC durante la edad adulta, algunas de las asociaciones observadas se debilitaron y dejaron de ser estadísticamente significativas. Y realmente tiene sentido. Un peso elevado durante la adolescencia puede persistir posteriormente, por eso los resultados podrían estar describiendo una trayectoria de salud que comienza tan pronto en la vida y continúa durante décadas. Quizá lo que haya que recordar, sobre todo, es que la salud se construye mucho antes de que aparezcan las enfermedades asociadas al envejecimiento. Un IMC elevado durante la adolescencia ya se ha relacionado con distintos problemas de salud posteriores y este nuevo trabajo añade otra posibilidad: que parte de esa relación pueda estar conectada con mecanismos de envejecimiento biológico.

 

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