Las cataratas del Iguazú, uno de los destinos naturales más impresionantes de América del Sur, registraron durante octubre una de las mayores crecidas de los últimos años. Las abundantes precipitaciones en el sur de Brasil provocaron que el río alcanzara un caudal cercano a los 16 millones de litros de agua por segundo el 14 de octubre, aproximadamente diez veces su promedio habitual, lo que obligó a restringir el acceso a algunas de sus principales atracciones turísticas.
En el lado brasileño, las autoridades cerraron desde el 11 de octubre la pasarela que permite acercarse a las cascadas y, como medida preventiva, retiraron sus barandales metálicos. Esta maniobra busca facilitar el paso del agua y disminuir la presión de la corriente sobre la estructura, evitando daños mayores. La decisión forma parte de los protocolos de seguridad establecidos para situaciones de inundación.
El fenómeno está relacionado con las intensas lluvias registradas en la cuenca del río Iguazú, cuyo comportamiento puede verse influido por El Niño, un fenómeno climático que modifica los patrones de temperatura y precipitación en distintas regiones del planeta. En Argentina, las autoridades ya habían desmontado preventivamente las pasarelas del circuito Garganta del Diablo desde agosto, ante los pronósticos de mayores precipitaciones y posibles crecidas.
A pesar de las restricciones, los parques nacionales de ambos países no cerraron por completo. En Brasil, el 19 de octubre todavía se registraban 6.2 millones de litros de agua por segundo, más de cuatro veces el promedio, mientras algunos senderos y miradores permanecían disponibles. Las autoridades recomendaron consultar los canales oficiales antes de realizar una visita, debido a que la reapertura de las zonas restringidas depende de las condiciones del río y de las inspecciones de seguridad.