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HOMILÍA: ILa oscuridad no es tu destino
15 de Marzo 2026 | Pbro. Lic. Salvador González Vásquez
No venimos al mundo para fallar, y esperar el castigo. Dios, no se pasa la vida imponiendo penas; el Señor, siempre está dispuesto al perdón.
Sin embargo, el hombre siempre mira hacia el pasado; en constante reproche por sus faltas.
Y, todos estamos llamados a mirar hacia adelante. Por tanto, hay que dejar el pasado en paz.
No hay que atarse a la oscuridad del fracaso, ni vivir en el temor al castigo.
Dios, no es el causante de nuestro dolor. El dolor, lo causamos nosotros mismos.
Pero, la dureza del hombre, lo lleva a fijarse en el error, y a olvidar del proyecto.
Mientras que el Señor, no se fija en lo que hicimos, Él nos redime, para que podamos cumplir con la misión.
Dice el Evangelio: “En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres? Jesús respondió: Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestarán las obras de Dios”. ( Jn. 9).
Dios, no es un ser vengador, Él, siendo perfecto, no tiene sed de venganza.
Aunque, no podemos negar, que todo acto tiene consecuencia.
Para el Señor, el dolor es la ocasión de manifestar su misericordia.
Y, la ceguera de aquel hombre, no era su culpa; tampoco tenía porque pagar la culpa de sus padres.
Esa ceguera, fue la ocasión, para que Dios, manifestará su amor a la humanidad.
Por tanto, no es necesario subrayar la falta, hay que vivir agradecidos con el Señor, porque siempre nos salva, a pesar de nuestros errores.
No olvidemos, que a Dios, no le importa lo que hicimos, sino aquello que estamos llamados a ser.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Juan 9, 1-41
R. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, [y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?” Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo”.
Dicho esto,] escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.
Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. [Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?” Él les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron: “¿En dónde está él?” Les contestó: “No lo sé”.]
Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”.
[Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí mismo”. Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’.
Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?” Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: “Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene”.
Replicó aquel hombre: “Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”.] Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.
Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.
[Entonces le dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”. Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: “¿Entonces, también nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado”.]
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.